• Editorial Baía Edicións, 2014.
  • Ilustraciones de Antonio Seijas.
  • Premio Meiga Moira 2014.

Sinopsis

“Ser un libro es maravilloso. Excepto cuando llegas a la vejez. Entonces te das cuenta de que estás hecho un desastre. Los personajes que viven dentro de ti te dan la espalda porque no puedes ofrecerles la vida que ellos quieren. Caes enfermo. Tienes tanta fiebre que sudas tinta. Y sientes la muerte muy cerca. Yo no quiero acabar así. Sé que todavía tengo una historia más que contar. No está en mis páginas, sino grabada en mi corazón. Y no es una sola, sino muchas. Porque yo nací en 1908 en la Casa Editorial de Saturnino Calleja. Viajé a Cuba en el bolsillo de un hombre rico y regresé en la mano de un pobre emigrado gallego. Conocí el amor y el desamor, sobreviví a una guerra civil, alimenté sueños, transmití mensajes, salvé y fui salvado. Yo guardé dentro de mí el color dorado de todos los desiertos, a Simbad, Alí Babá y Aladino. Por eso te pido, mi querida Sherezade, que no te vayas, que ahora seas tú quien me escuche. Porque puede que esta sea mi última historia”.

Este es para mí uno de los libros más especiales que escribí. Si amas los libros como yo lo hago, si confías en que las palabras pueden salvarte la vida como a Sherezade y en que la memoria es capaz de vencer al tiempo porque en la literatura hay aliento de eternidad, te gustará una historia que te llevará de viaje a través de las vidas de los personajes poseedores de un libro con ganas de contar una última historia.

Curiosidades

Esta historia está inspirada en un libro real que había en la biblioteca de mi casa. Se trataba de una desgastada edición de Las mil y una noches de la editorial Saturnino Calleja de principios de siglo pasado, publicada probablemente en el año 1907 o 1908. El ejemplar, que me fascina desde la infancia, estaba muy estropeado, con hijas rotas, la portada oscurecida y las ilustraciones coloreadas. El libro pertenecía a mi abuela, a quien se lo había regalado una amiga de la infancia. En la primera hoja, escrito con tinta azul, figuraba el nombre de esa amiga con la fecha en que se lo había regalado a ella: 21 de marzo de 1949. Pero, por debajo de estos nombres, con tinta negra, alguien había puesto otro (actualmente ilegible), añadiera una fecha anterior (1911) y un lugar que siempre despertó mi imaginación y curiosidad: ciénaga de La Habana.

Años más tarde, mientras estudiaba filología gallega, una profesora comentó durante una clase que era muy habitual que este título se encontrara en las casas gallegas, quizás porque el género del relato fantástico es esencial en nuestra literatura. Fui muy feliz tejiendo esta historia que recorre en paralelo la nuestra: la inmigración, la vida en las aldeas, el ir y venir de amores, amistades, familiares y, en definitiva, personas. Pero sobre todo fui muy feliz porque me dio la oportunidad única de ser más que lectora o escritora: de convertirme en libro, en pura historia.